Historia de una pasión

1938

El origen

En 1938 la familia Cabezudo instala un modesto obrador de pastelería en el patio de la finca del número 52 de la calle de la Estación de Miranda de Ebro. Allí fabrican de forma artesanal galletas y rosquillas. Casualmente el edificio pertenecía a las familias Sojo y Solana, y con el tiempo, uno de los miembros de la familia Solana, José Luis, acabará siendo propietario de Galletas Coral.

1952

LA PEQUEÑA EMPRESA EMPIEZA A CRECER

Tras la muerte del cabeza de familia, en 1947 la pequeña empresa pasa a llamarse Viuda de Epifanio Cabezudo S.C. . En 1952 se produce la incorporación de Andrés Espallargas, maestro galletero y se crea una nueva sociedad compartida al 50% que se llamará Galletas Coral. Con Espallargas llegan sus dos hijos, Andrés y Guillermo y dos sobrinos, Paco y Juan Monfort.

1952

DE OBRADOR A FÁBRICA URBANA

La nueva sociedad tiene la ambición de crecer y ampliar el negocio, por lo que se muda a unos bajos en la Calle Ramón y Cajal, donde se pone en marcha una pequeña fábrica con un horno de galletas de 8 metros y una mini troqueladora. Allí empiezan a fabricarse los bizcochos y las galletas de barquillo rellenas, los boer, al principio sólo de coco, y se incorporan nuevos productos.

1958

TRABAJO DURO Y EXPANSIÓN

En 1957, Espallargas y sus hijos y sobrinos adquieren su participación a la viuda de Cabezudo y a su yerno. Las galletas se venden entonces en grandes cajas de hojalata que se reutilizan. Hay que quitarles el óxido, las abolladuras, repintarlas con minio… Los bizcochos se separan con hojas de papel. El trabajo es duro. Los sacos de harina y de azúcar, de hasta 120 kilos, se mueven y apilan a mano. Las ventas crecen sin cesar y no sólo en Miranda, sino también en Vitoria. La pequeña fábrica urbana no da más de sí.

1962

LA FÁBRICA DE LA CARRETERA DE ORÓN

Galletas Coral da un nuevo salto y se traslada a una moderna fábrica mucho más grande en la carretera de Orón. Cuenta con tres hornos, el de bizcocho, el de la rotativa y el del troquel y en ella trabajan alrededor de 50 personas. A finales de la década de los 60, la nueva generación de los primos Espallargas y Monfort se hace cargo de la empresa. Los primeros llevan las ventas y la administración y los segundos dirigen la fabricación. En la calle Ramón y Cajal queda una tienda de productos Coral a cargo de Andrés Espallargas padre y su mujer.

1964

PROMOCIÓN Y CRECIMIENTO

Como plataforma publicitaria, la empresa patrocina a un equipo ciclista que consigue algunos éxitos deportivos y ayuda a extender la marca de Coral por toda España. Las ventas siguen creciendo y Coral sigue ampliando el negocio. La plantilla crece hasta rozar el centenar de empleados, con turnos de trabajo de 24 horas al día.

1969

LA CRISIS

A finales de los 60, Coral vive sus años más difíciles, dificultades que se agudizan aún más por la crisis del petróleo de 1973. En este momento entra en la empresa José Luis Solana, que aplica en la fábrica su gran experiencia sobre los gustos del público, adquirida desde que a los 14 años se puso detrás del mostrador en la tienda de ultramarinos de su tío. Con mucho trabajo, el mal momento se supera. Las galletas de Coral se venden en toda la península y llegan a Canarias, Baleares, Ceuta, Melilla…

1988

LA FÁBRICA NUEVA

La fábrica de la carretera de Orón también se queda pequeña. Se hace necesario dar un nuevo salto adelante, el más grande en la historia de Galletas Coral. La nueva instalación, de 8.500 metros cuadrados edificados en una parcela de más de 17.000 metros cuadrados, se levanta en el polígono industrial de Bayas y sus cinco líneas de producción automatizada y cuatro silos de gran capacidad, la convierten en una de las más modernas fábricas de galletas de España.

1999

RECONOCIMIENTO DEL TRABAJO BIEN HECHO

En octubre de 1999, José Luis Solana recibe de manos del entonces presidente de la Junta de Castilla y León, Juan José Lucas, el premio a la empresa del año concedido a Galletas Coral por la Federación de Asociaciones Empresariales. En el año 2006 Carlos Fernández Linares, yerno de José Luis Solana, tras 16 años en la empresa, se convierte, conjuntamente con este, en Consejero Delegado. Fernández Linares tendrá que hacer frente a la crisis económica de 2007 a los mandos de Galletas Coral, a la que consiguió mantener en beneficios año tras año pese a la difícil situación económica general.

2016

COMPROMISO CON MIRANDA

La relación de Galletas Coral con el tejido social mirandés ha sido siempre muy estrecha. Tanto Andrés Espallargas como José Luis Solana presidieron al C. D. Mirandés, el primero entre 1956 y 1958 y el segundo entre 1981 y 1985. EN 2016, José Luis Solana pone en marcha la Fundación Coral, que pretende desarrollar proyectos medioambientales y educativos preferentemente en Miranda de Ebro y su comarca.

2018

EL FUTURO

En 2015 se abre un nuevo capítulo en la historia de Galletas Coral. Yolanda Solana, hija de José Luis, es nombrada Consejera Delegada y su hermana Begoña Solana es elegida presidenta del Consejo de Administración. Se inicia un proceso de renovación de las instalaciones, se moderniza la maquinaria, se instala una nueva línea de producción de última generación y se afronta una nueva aventura, la penúltima en la historia de la empresa: Llevar las Galletas Coral a cualquier rincón del mundo.